Escrito por: jesusantog el 19
Mar 2011 - URL
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Publicado en esa época en El País.es
Creo que Ud. no ha vivido lo que he vivido. Busco al amigo que se convirtió
en el asesor legal para que un yerno de mi papá desocupara un local que tuvo en San
Victorino, y porque se consideraba con el derecho a no pagar nada, cuando voy a su oficina no
lo encuentro. Una historia que sucedió hace casi veinte años. No lo consigo. Sin embargo, años
después de regresar de Venezuela me encuentro con lo que sucedió. Hizo que se
saliera de aquel local por un lanzamiento que este le hizo. Creía que era dueño del inmueble por
el solo hecho de la relación de familia. A mi éso ni me preocupa ni me atañe.
Solamente me interesa el hecho que todos sus hijos y familiares estaban
interesados en que yo fuera llevado a los profundos abismos de la desesperación
y el menosprecio por cuenta de una sociedad pusilánime, a la que solo le
interesaba el dinero. Todo lo hace la cara de Bolivar, al caricellazo. Como
jugando a la moneda donde Ud. juega y su otro apostador, le dice:
-Con cara gano yo, y con sello pierde Ud.
El amigo en quien creí, por el solo hecho del dinero solo se prestó para una
habil estratagema en la que me ofreció un trabajo sobre el arreglo de su casa
en Santa Librada, y aunque lo busqué para hacerlo nunca lo encontré. Cuando fui
a su oficina en la calle 17 con séptima en un edificio de Seguros(?) en Bogotá, y como yo estaba ya ido de la cabeza, solo escuchaba unas voces que me
amenazaban.
Unos días después que lo logré conseguir, me dijo:
-Como no vino, le dí el trabajo a fulano.
Mentiras. Memín, ahora lo supe, ni sus hermanas ni sus amigos ni siquiera
los ajedrecistas ladronzuelos, y todo aquel barrio del Centenario y del Quiroga,
ni todos esos policías y rebuscadores de medio tiempo. Ni los sapos ni los que
me intentaron matar, e hicieron de mi vida un infierno. Como los ladrones son de los
mejores. Claro que si el eco les llega, como me lo dijo Wilson. en su momento
cuando me esperaba en la puerta de su casa, mientras un amigo de este en Fontibón me arrojaban
aquel perrito aporreado de un vecino:
-Calumniador.
Así son estos personajes. Además de truculentos, son ladinos. Se venden por
un plato de lentejas. Eso me pasó. Casi me matan en este país adonde frecuentan
desde siempre estos personajes que se consideran de ley, que tienen la ventaja
de conocerlo a uno tan bien, que saben que si le mandan a un pordiosero a
matarlo, lo hace impunemente. En un país que hace unos años, unos cuantos, le
hablaban de política, del futuro de un país que buscaba reencontrarse a sí mismo, para que supuestamente los que no teníamos nada, pudiéramos concebir que
nuestros universos serían mejores, comenzando por la consecución de los bienes materiales que necesitábamos para subsistir.
Aquellos personajes no han sido más que unos vividores, y para desgracia, los
otros que aparecieron no son más que unos delincuentes buscando en ríos
revueltos todo lo que se puedan robar. Unos maleantes que disimuladamente nos
engañan con sus cuentos. Y lo peor. Unos amigos que durante toda una vida,
simularon ser de los mejores, como si estuvieran verdaderamente interesados en
el porvenir de una sociedad que se merecía lo mejor, ahora uno se encuentra con que
muy taimadamente estos personajes no eran más que unos villanos que se adentran
en las vidas de los que les interesan, y con el tiempo se apropian de casas, de
bienes que no les pertenecen, y aunque pretenden quitarle a uno la vida por el
solo hecho de estar respirando el mismo aire de ellos, se enfurruscan de manera
malévola porque no han conseguido sus propósitos, tal y como originalmente lo
querían. Les duele que uno esté vivo. Se encargan de manera sutil de amenazar.
En este país con una mentalidad tan delirante, los ladrones son de los mejores,
y uno es el malnacido del paseo. Nos ofenden. Nos menosprecian. Y así, en esa
solidaridad tan malsana, tan errática y nauseabunda, uno puede terminar de
cualquier manera.
Y claro que no ha sido una sola vez la intentona de sacarlo a uno de la
realidad de manera física o sicológica. Como en lo que comenté acerca de un
escritor que conocí de joven por cuenta de unos amigos que se decían de los
mejores, porque querían un mejor mundo para nuestro universo plagado de
violencias, y con unas desigualdades sociales que nos han llevado a esta
situación tan amarga: "Las muertes de Tirofijo". De un tolimense que a muchos de nosotros nos
engolosinó, pero que a la vuelta de los años, al querer pertenecer a su tertulia
literaria en la universidad adonde trabajaba, con una sola charla bastó para
entender que estos personajes tenían algún cuento conmigo. Y yo que me creí en
uno de los mejores, terminé por cuenta aturdido, porque en realidad lo
que trató fue la de desestabilizarme, cosa que no entendí en su momento, y que
ahora todavía no entiendo. En fin, perseguido por los bien aventurados hombres
de ley, a los cuales uno cree que lo protegen, terminé en la concepción de
aquellos luchadores de la libertad, en una especie forajido, mientras entre
risas y risas, fueron saliendo durante muchos años los inescrupulosos y
acuciosos personajes a quienes lo único que les importa es el Dios del dinero.
Que no nos hablen de política. Que solamente nos digan cuál es el enredo. Y
claro, que si esto lo hacen personajes que se merecen algún respeto por su
posición ideológica, qué puede uno esperar con un desprevenido vivaracho que
habla de política, que nos obnubila con sus cuentos porque siempre han sido de
los mejores, y cuándo uno menos piensa, ya está casi en el cementerio. Son los
nuevos bribones que ha parido este país adonde el dios del dinero y los buenos
negocios, nos hacen confundir con los melodramáticos que uno ha visto en el
cine. Con don Corleone en "El Padrino", o con "Al Capone" en los Estados Unidos.
Aunque sean diferencias abismales, uno se encuentra en un país corrupto, a donde
ha tenido sus propios perseguidores particulares, donde la mentalidad de lo detectivesco es lo
que ha primado. Son las marcas de un país con mucha corrupción. No somos santos,
pero tampoco forajidos.
Apuesto que a Ud. cuando mediante promesa de compraventa, recibe no solo las
arras de negocio, sino que por cuenta de la entidad prestamista, ya casi lo
recibe todo; se siente aturdido porque no se la quieren entregar. Apuesto que a
A Ud. no le venden una casa, en donde el propietario y todos los vecinos
parecieran que no solo quisieran recibir los emolumentos por el valor de la
propiedad, sino que también quieren quedarse con ella.
- ¿En qué país vivimos?
Cuando se da cuenta son todo un conglomerado de
mercaderes y comerciantes de bienes ajenos. Son vividores.
Este es un mundo al revés.
- ¿No me cree?
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