Quién lo fuera a creer. En la década de
los setenta en la época en los años que los Beatles nos entretenían con sus
canciones, mientras en nuestros paises subdesarrollados la juventud
protestaba por la visita de Nixon, el imaginario del socialismo nos
signaba que el mundo podría ser mejor, si siguiéramos su ejemplo. Y no
faltaba quén dijera lo contrario. Los estudiantes que iban a esos
lejanos mundos adonde el proletariado se había impuesto, cuando
regresaban nos contaban que allí se vivía en medio de una paz donde
el hombre podía laborar para satisfacer su libertad, y saciar el hambre y
la miseria que nos deparaban estos capitalistas inclementes. Mucho
antes que el muro de Berlín cayera. Precisamente en la Alemania dividida
se podía avisorar el contraste. Los señuelos de ese capitalismo
desbordante mediante el sofisticado desarrollo de los medios de
comunicación, creaban en sus coterráneos de la Alemania Democrática ,
unos ideales de progreso que estos no tenían, porque a pesar de no
aguantar hambre, la diversidad de los productos y la propaganda del
capitalismo, les generaba un conflicto con lo que vivían, mientras la
burocracia podía a manos llenas disfrutar de las muchas liberalidades
que los del común no tenían. Sin embargo, tanto en estos países de "La
Cortina de Hierro", como en la de los países de la Europa Ocidental, se
respiraba otro ambiente, en donde según nos decían los que fueron a las
tierras del mundo escandinavo, la cultura de sus gentes y su respeto
por el medio ambiente, fuera de una moral que en nada se parecía a la
ambición desmedida por lo ajeno, se nos parecía tan extraña, adonde unos
incultos como nosotros, teníamos que sobrevivir ante el ladronismo que
por aquí primaba.
En esos países se respiraba, según nos decían aquellos personajes,
cualquiera dejaba la puerta abierta de su casa, con la seguridad de que
ningún ladrón se atrevería a irrumpir con sus mañas y sus modales,
dentro de los límites de aquellas libertades.
Con la caída del Socialismo y del "Muro de Berlín", se
desvanecería un sueño en el que millones de personas creímos, y que como
resultado nos dejaron la llegada de Fidel y el Che en Cuba, los libros
sagrados de Mao Tse Tung, y toda una serie de movimientos sociales que
convertidos en grupos armados, y otros como los de Allende, trataron por
todos los medios de redimir a los pobres en América Latina.
Al fin y al cabo fue un sueño no realizado.
Tras estos sueños, las ideas sobre el peligro del comunismo que fue
orquestada en nuestro continente y en el mundo, forjaron dictaduras al
estilo de Brasil, del Perú, Bolivia. Chile, Guatemala, que conspiraron
contra las más mínimas libertades de derecho de expresión en estos
países.
Pero a pesar de todo, siempre creímos que lo que acababa de acontecer
en Inglaterra con los desmanes provocados por unas masas desesperadas,
que fueron llegando de Africa, de Asia, de América Latina, a conseguir
sus sueños, hubieran transformado tanto los conceptos de los imaginarios
que antes teníamos de éstos. Los rusos resultaron ser partícipes de los
conglomerados mafiosos para enriquecerse, en la Europa que tanto ha
seducido a muchos inmigrantes, y se convirtió en el infierno adonde el
racismo prendió la llama de esas desigualdades económicas que son el
motor de las guerras y las injusticias, adonde aquellos policías que
antes considerábamos los mejores del mundo por su buen trato y su
cultura, como la Scotland Yard en Inglaterra, resultaran asesinando a un
hombre de origen negro, que rebozó todo un maremagnun social que
todavía no termina; después que en Oslo (Noruega) en un país adonde la
juventud todo lo tiene, un joven demente que está convencido de que
todos los inmigrantes son el peligro para la estabilidad de su país y de
Europa, muy a su manera decide hacer justicia por su propia mano,
convencido que lo que Hitler hizo en su momento, es la panácea para la
salvación de la Europa amenazada por la invasión de las gentes venidas
de esos otros continentes donde la pobreza es el pan de cada día. Y
éso que no hablamos del poder del narcotráfico y su influencia en ese
maremagun social, que también nos atañe.
Estas también son otras guerras.
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