Escrito por: jesusantog el 23 Jun 2010 - URL Permanente en El País.com
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El amigo del que me contaba esas historias, terminó trabajando
en la cámara de representantes de Colombia (en el congreso), y
finalizaría trabajando como médico de la Cruz Roja gracias a una beca
que le consiguió un parlamentario de la misma ciudad. Sus
historias mucho más tarde las reflejaría otro escritor en una
época en la que se hablaba tanto de
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Hackeo 14/09/2.023 y también hoy 20/10/2026 |
política e igual que hoy, de
cambios que a muchos nos entusiasmarían en la creencia que todo sería
mejor, y hubo otro que en cierta medida se parecían a la leyenda que el
amigo en otrora me había contado, a donde los acuciosos perseguidores al ir a buscarlo, este se transformaba en una mata de plátano, y así lograba evadirlos, aunque para unos era bueno y para quienes lo perseguían era un delincuente, y así seguramente en medio de esa
leyenda surgirían otros relatos populares. Pero de eso no se trata lo que estoy
contando. Escritores que para muchos representaban cambios, cuando en la
casa embrujada, y después de pasarme muchos trabajos de sicología
por cuenta de esos personajes macondianos que han existido en nuestro país, y que desgraciadamente uno termina entendiendo que uno y otros no eran más que de engañabobos, comencé a sentir el pánico tras demasiadas agresiones
físicas y sicológicas como para pulverizar mis nervios. Yo lo
llamo inducción a la locura, y en el caso de los alcohólicos, al
delirium tremens. Aunque no es de culpar, pues a mi me han salido gentes
de bien, orquestados por otros a hacerme sus teatringos para burlarse, en medio de esos juegos que han habido, otros han salido a matarme. Y
claro que el autor durante la mayor parte de la vida fue víctima de
esas extrañas circunstancias, en la que además de ser agredido
físicamente, sicológicamente con el bla blá de los que me rodearon,
contaban sus historias, como si fueran perseguidos, cuando en realidad
con los años después de sucederme muchas cosas, ellos nunca lo fueron. Persecuciones que a mí se
me parecen extrañas historias como las de un amigo anapista que
cada que me veía hablaba de casas en la montaña adonde estaban los
secretos de un grupo político, y otros donde uno termina entendiendo de que se era víctima de un extraño
complot de lenguilargos. Mientras estos hablaban de persecuciones, yo fui
abordado por estas mentes inquisidoras, y como si fuera un conejillo de
indias, fueron saliendo desde todos los lados a conseguirse su botín.
En su momento creí, que por haber sido hijo de un contrabandista que de
manera ilegal traía mercancías para su propio provecho, con la anuencia
de personajes que seguramente se parecían a las de los que nos cuentan
las películas, estaba enredado. Y no era así. Ahora he entendido que
detrás de todo ésto, ha existido una extraña persecución de familiares
que quisieron saciarse económicamente, pero que además desde niño había
un extraño estigma. Una familia que tenía los recursos económicos como
para envidiar, en medio de personajes detectivescos, como los de una
familia con los cuales me crié. Un mundo adonde
se inventan historias, con unas mentalidades tan maquiavélicas en donde
todos quieren conseguir sus sueños mediante rapiñas, como en las
historias de cría cuervos y te sacarán los ojos. Tal vez por éso
estamos signados a pesar que en nuestro país tiene que existir
más gente de bien, que la de estos fariseos en la que con los recursos
del Estado o no, quieren abrazar el cielo a costillas de otros.
Como quien dice:
- Inventáte una historia. Seduce a los bobos. Y consigue tu botín.
Da tristeza que estos personajes existan. Que nos hayan intentado llevar
durante años a los mismos infiernos igual que lo hizo el
Dante Alliguieri con los que consideraba deberían de estar en los mismos infiernos, y que como dioses todavía
disfruten de lo que no les pertenece. Y aún así todavía le hacen creer a
uno, que tienen la razón. Son maniqueos. Disfrutan de las prebendas
que otros no tenemos.
Y estamos expuestos no solo a que nos pisoteen, y a que no disfrutemos
del respirar y de vivir como nos lo enseñan las leyes naturales. Para
estos personajes la vida no vale nada. Es ahí, cuando comienza
verdaderamente esta historia del arte de enloquecer.
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