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El arte de enloquecer 14

Escrito por: jesusantog el 15 Mar 2011 - URL Permanente  en El país.com Publicado en esa época en El País.es  lacomunidad.elpaís.com/jesusantog Quién no recuerda a la película "El Padrino" con Marlon Brando , Al Pacino , Diane Keaton , y otros actores famosos que convirtieron esta novela de Mario Puzo en una de las más leídas. Y claro, que como en el caso mío, no tuve la fortuna de leer en su momento innumerables críticas en los suplementos literarios, y verla en el cine. Marlon Brando, el actor que en su momento nos deslumbró con Elizabeth Tailor , a Diane Keaton que con Woody Allen nos metieron en ese mundo neoyorquino de este judío a quien tanto le debemos por su crítica al estereotipo de vida en los Estados Unidos, o  Al Pacino que nos ha dejado entre sus pocas participaciones dentro del cine a "Tarde de perros". Aquí en esta película dentro de todo ese mundo gansteril que nos describe, nos muestra cómo Frank Sinatra (La Voz) para poder hacerse a un con...

El arte de enloquecer 4.



Escrito por: jesusantog el 23 Jun 2010 - URL Permanente en El País.com
El país.es lacomunidad.elpais.com/jesusantog
 
El amigo del que me contaba esas historias, terminó trabajando en el Congreso de Colombia, y finalizaría trabajando como médico de la Cruz Roja gracias a una beca que le consiguió un representante de Cámara. Sus historias mucho más tarde las reflejaría otro escritor en una época en la que se hablaba tanto de política e igual que hoy, de cambios que a muchos nos entusiasmarían en la creencia que todo sería mejor, en libros y relatos que circularon en toda América Latina sobre los autores de la violencia. Una serie de relatos que en cierta medida se parecían a la leyenda que el amigo en otrora me había contado, y que seguramente en medio de esa leyenda surgirían estos cuentos. Pero de eso no se trata lo que estoy contando. Sobre personajes que terminarían convertidos en macondianos, pero que desgraciadamente uno termina entendiendo que no eran más que unos engañabobos, comencé a sentir el pánico tras demasiadas agresiones físicas y sicológicas; y que lo practicaran conmigo de manera histriónica, como para pulverizar los nervios. Yo lo llamo inducción a la locura, y en el caso de los alcohólicos, al delirium tremens. Aunque no es de culpar, pues a mi me han salido gentes de bien, orquestados por otros a hacerme sus teatringos para burlarse, pero en medio de esos juegos han habido otros que han salido a matarme. Y claro que el autor durante la mayor parte de la vida fue víctima de esas extrañas circunstancias, en la que además de ser agredido físicamente, sicológicamente con el bla blá de los que me rodearon, contaban sus historias, como si fueran perseguidos, cuando en realidad con los años después de sucederme muchas cosas, ellos nunca lo fueron. Iguales a las que otros en mi juventud me contarían. Persecuciones que a mí se me parecen extrañas historias como las de un anapista en su momento, que cada que me veía, hablaba de casas en la montaña adonde estaban los secretos de un grupo político, y otros que hablaban de política en donde por último uno creía que estos personajes podrían transformar el mundo, y con los años uno termina entendiendo de que se era víctima de un extraño complot de lenguilargos, entre los que agentes estatales como dioses, se creían los amos y señores del mundo de los incautos, lo mismo que estos. Mientras hablaban de persecuciones, yo fui abordado por estas mentes inquisidoras, y como si fuera un conejillo de indias, fueron saliendo desde todos los lados a conseguirse su botín. En su momento creí, que por haber sido hijo de un contrabandista, que de manera ilegal traía mercancías para su propio provecho, con la anuencia de personajes que seguramente se parecían a las de los que nos cuentan las películas. Estaba enredado. Y no era así. Ahora he entendido que detrás de todo ésto, ha existido una extraña persecución de familiares que quisieron saciarse económicamente, pero que además desde niño había un extraño estigma. Una familia que tenía los recursos económicos como para envidiar, en medio de personajes detectivescos, como los de una familia con los cuales me crié. Mentalidades tan maquiavélicas en donde todos quieren conseguir sus sueños mediante rapiñas, como en las historias de cría cuervos y te sacarán los ojos. Tal vez por eso estamos signados, a pesar que en nuestro país tiene que existir más gente de bien, que la de estos fariseos en la que con los recursos del Estado o no, quieren abrazar el cielo a costillas de otros.
 
Como quien dice:
- Invéntate una historia. Seduce a los bobos. Y consigue tu botín. 

Da tristeza que estos personajes existan. Que nos hayan intentado llevar durante muchos años a los mismo infiernos, y que como dioses disfruten de lo que no les pertenece. Y aún así todavía le hacen creer a uno, que tienen la razón. Son maniqueos. Disfrutan de las prebendas que otros no tenemos.
 
Estamos expuestos no solo a que nos pisoteen, y a que no disfrutemos del respirar y de vivir como nos lo enseñan las leyes naturales. Para estos personajes la vida no vale nada. Es ahí, cuando comienza verdaderamente esta historia del arte de enloquecer.
 
*Blog hackeado en esa época, y corregido hoy 20/10/2026. Y también hackeado de forma descarada, pues cuento con la facilidad de evitarlo, porque manejo también el html de las páginas. No antes lo podía hacer.
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