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Mis días en un hospital 9

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Blog hackaedo Ver en Ibagué y su gente del Tolima deautista | Sábado, 11 de febrero de 2012 | | ¿Cómo se sentirían dos oyendo a la vez? El que está escuchando, y aquel a quien obligan a oír. Eso es de locos. Son enfermos mentales porque ponerse a hacer esos trabajos de manera gratuita a nadie le cabe eso en la cabeza. Que el Estado lo haga, tal y como según decían en su tiempo algunos amigos que ahora son abogados y que estudiaron en la universidad Nacional, al fin y al cabo es su obligación para protegernos de los que atentan contra el derecho de expresión confundidos en esos laberintos en que aparentando tener sus causas justas, lo que en realidad están es impidiendo que la educación sea la que resarza con los años las desigualdades económicas en la que muchos ciudadanos de los países tercermundistas no teníamos derecho. Pero que mediante estas argucias, aprovechando esos recursos tecnológicos se usen para sus fines personales, no se puede entender. ¿Qué se iban a ganar c...

Mis dìas en un hospital 8

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deautista | Jueves, 9 de febrero de 2012 | | Lo de las voces es cosa seria. Parece que estos trabajos son comunes. Recién salido del hospital, cuando estaba todo exangüe en mis pensaderías, porque me estorbaba todo aquel que llegara  a verme o visitarme para ver cómo había quedado,  cosa que ahora me parece no querían más que saber si en verdad estaba loco o cuerdo, alcancé a escuchar a unos familiares que hablaban de la tía que murió, y que alcanzó a vivir en “El Caracolí” de Ibagué: -Escuchaba que en la cocina del apartamento tronaban las ollas. Los cacerolazos, digo yo. En Bella Vista en Bogotá, cuando permuté con Aldana el apartamento que me dejò por herencia mi papá en ”La Fragua”, ya escuchaba las voces de los vecinos en aquella casa que pernocté unos cuantos días en el barrio Bella Vista, hasta que resulte viviendo en arriendo  en el Barrio San Antonio.  Años más tarde lo constataría. Mis oídos se habían aguzado tanto, que cualquier sonido por muy ...

Mis días en un hospital 7

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Decía que después de que el galeno de turno me aplicó la consabida inyección para que me relajara, el sopor que produjo hizo que durmiera hasta el otro día. Nunca había estado en un hospital antes . Ahora lo estaba. Las voces se habían ido, y no podía concentrarme porque en mi florecían los recuerdos de mi angustia por las calles. Y esa noche cuando quise salirme de aquella cama, una enfermera hizo que me sentara en una silla de ruedas porque según el médico responsable tenía algunas vertebras apachurradas y fracturadas.  No puse cuidado a esa orden, pero como quería salir y andar, al hacerlo el dolor no me dejó. Anduve un buen trecho en uno de esos pasillos solitarios y fríos, mientras las voces regresaron y fue cuando tuve la visión de aquella pesadilla que digo. Estaba despierto. Mis deseos eran abandonar aquel infierno, pero quedé por prescripción  médica en una una de las habitaciones adonde fueron llegando más y más pacientes, mientras sentía pánico con cualqu...

Mis días en un hospital 6

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deautista | Domingo, 5 de febrero de 2012 | | Si. En medio de semejante frío en aquel hospital donde llevaba un día, me desperté después de aquella larga pesadilla en aquella noche en que vagué por toda una ciudad sin que nada me hubiera pasado. Anduve convencido que me iban a matar, y escuchaba voces mientras los autos surcaban raudos por esas calles en que había ido hasta los juzgados de la treinta con 19 en Paloquemado en Bogotá, porque dentro de mis pensamientos quería denunciar a los que me perseguían. Para esos momentos las voces ya no las escuchaba, y todavía no volví a a sentir el pánico que sentí el día anterior después de haber comprado un cuchillo en San Victorino. Cuando entré a aquel ente estatal del Bienestar Social en la calle once con octava y novena,  las voces habían vuelto, y yo desesperado no sabía qué hacer. En mi cerebro eran amenazantes, y pasé a otro piso para evitar que me sacaran porque las escuchaba muy cerca. Alcancé a ver  un policía que...

Mis días en un hospital 5 (Repetición x hackeo)

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deautista | Sábado, 14 de enero de 2012 | | Cuando llegué al hospital que digo, estaba completamente loco. Si hubiera sido delincuente podría haber matado a cualquiera. Pero no, soy incapaz de matar a un mosco. Los que me conocen saben que amo la vida hasta las de las arañitas que pululan a diario en nuestras viviendas. Sin embargo el día anterior me había armado con un cuchillo que compré en San Victorino a uno de esos vendedores ambulantes que por allí andaban. Ya había roto los vidrios en el apartamento donde vivía en el barrio San Antonio. Venía perseguido por toda una horda de delincuentes que querían saciarse con todo. En el Lago Timiza, los hijos de unos policías habían briboneado y estaban colocando rejas adonde no estaba estipulado, y ya otros me habían intentado matar. En Bella Vista aquel policía vecino me contaba que los que me intentaron matar en una de esas pocas noches que pernocté en aquella casa destartalada que me permutó Aldana(un pensionado de la brig...

Mis días en un hospital 5

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-) deautista | Sábado, 14 de enero de 2012 | | Cuando llegué al hospital que digo, estaba completamente loco. Si hubiera sido delincuente podría haber matado a cualquiera. Pero no, soy incapaz de matar a una mosca. Los que me conocen saben que amo la vida hasta las de las arañitas que pululan a diario en nuestras viviendas. Sin embargo el día anterior me había armado con un cuchillo que compré en San Victorino a uno de esos vendedores ambulantes que por allí andaban. Ya había roto los vidrios en el apartamento en donde vivía en el barrio San Antonio. Venía perseguido por toda una horda de delincuentes que querían saciarse con todo. En el Lago Timiza, los hijos de unos policías habían briboneado y estaban colocando rejas adonde no estaba estipulado, y ya otros me habían intentado matar. En Bella Vista aquel policía vecino me contaba que los que me intentaron matar en una de esas pocas noches que pernocté en aquella casa destartalada que me permutó Aldana (un pensionado de...

Mis días en un hospital 4

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deautista | Martes, 10 de enero de 2012 | | Decía que al despertarme una nueva pesadilla viviría. No sabía qué día era ni desde cuando estaba allí. Había perdido la noción del tiempo. Me dolía la columna vertebral fuertemente, y quise moverme. Estaba con otro enfermos en un amplio salón dispuesto para ello, mientras entraban y salían enfermeras. Recordé que antes había estado en un cuarto con el médico que me aplicó el sedante. Aunque no deliraba, comencé a sentir pánico. Según parece, cuando uno sostiene una larga ingesta de licor, la falta de vitamina B acelera los nervios y así uno queda supeditado a merced del miedo y el espasmo. Mucho más, cuando los que saben de estas cosas deciden matarlo mediante la amenaza y tortura sicológica. Lo había vivido muchos años antes en “ La casa embrujada “. En el primer diciembre que estuve allí, quise ir a visitar a unos familiares que según entiendo tenían una fiesta en el Pastranita del Kennedy en Bogotá. Salí a la media noche, pue...